INFOBAE - Un balance sin euforia: la CGT no pudo cumplir su objetivo final pese a las limitaciones en el transporte. Para la central obrera, el paro fue “contundente”, aunque no logró conmover al Gobierno para que acepte negociar sus medidas. Ahora, el debate interno se profundiza: algunos quieren esperar y otros presionan por un paro de 36 horas. El paro de la CGT se hizo sentir, pese a que tuvo un acatamiento dispar, pero la dirigencia cegetista no pudo cumplir con su objetivo: conmover al Gobierno para que modifique sus políticas. Las reacciones de los principales referentes libertarios ante la segunda huelga general contra Javier Milei permite suponer que el día después de la protesta sindical no cambiará demasiado la postura oficial.
Curiosamente, no hubo euforia ni expresiones de alegría entre los dirigentes que se ubicaron en el escenario del salón Felipe Vallese de la sede de Azopardo 802. La “contundencia” del paro que destacaron varios sindicalistas no se notó en sus rostros ni en su discurso.
El balance positivo del paro que hizo la CGT tuvo sabor a alivio (no tenían una clara certeza del grado de acatamiento de los trabajadores) y también a preocupación: el problema que se abre ahora para la cúpula cegetista es cómo seguir. El sector dialoguista sabe que no puede repetir huelgas todos los meses, aunque empieza a sentirse la presión de algunos dirigentes por avanzar hacia un paro de 36 horas. Lo verbalizó el combativo Rubén “Pollo” Sobrero en la marcha de la izquierda por el Día del Trabajador y, a la distancia, ya lo consideran como una variante posible en el ala dura de la CGT.
Un puñado de gremialistas habló sobre ese tema en el cuarto piso de la CGT antes de que comenzara la conferencia de prensa. “Bueno, ahora usemos la cabeza; basta de paros”, dijo un dirigente de primera línea. Otro se quejó: “Pero Milei nos obliga a parar porque no afloja un centímetro”.
En la misma sintonía, un dirigente de peso advirtió: “Tenemos que cuidar la herramienta del paro. No la podemos desgastar”.
INFOBAE - El Gobierno estimó que el paro le costará más de USD 500 millones a la economía. Según cálculos oficiales que coinciden con números privados, ese será el impacto de la huelga general de la CGT sobre la actividad. Representaría un 1,1% del PBI de mayo o un cuarto de lo que se produciría en un día normal. “El cálculo tomando el PIB mensualizado estimado a hoy y haciendo supuestos de adhesión que consideramos razonables daría unos USD 520 millones diarios de costo”, aseguraron desde el equipo económico. Un cálculo hecho por el economista Fausto Spotorno junto con la UADE puso ese número en torno de los USD 544 millones (o $489.272 millones). Esta cifra equivale al 1,1% del PIB de mayo o el 24,3% de lo que se hubiera producido en el día. Este cálculo asume que no todos los sectores y regiones perderán por igual durante el paro, y que incluso, el 20,1% de lo inicialmente perdido se recupera dentro del mes”, explicaron desde ese centro de estudios. Para el cálculo de este impacto se estimó el efecto en cada uno de los sectores económicos basado en eventos similares en el pasado. Algunos sectores prácticamente no sufren ningún impacto y otros lo recuperan rápidamente. Sin embargo, hay otros sectores y empresas que sufren pérdidas irrecuperables y otros que, si bien pueden recuperar gran parte de lo perdido, lo harán en un plazo mucho más largo. Por eso, es que este cálculo se hizo de sector a sector”, mencionaron desde el Instituto de Economía de la UADE. “En esta estimación sólo se tomaron las pérdidas directas, netas de las recuperaciones que se darán dentro del mes. Así, por ejemplo, el comercio recuperará un 35% y restaurantes el 0% de lo que no se venda.
IProfesional - Ganadores y perdedores del paro: la CGT enfrenta riesgos que pueden perjudicar al propio peronismo. Tras el paro general, en la interna sindical se abre la disputa sobre si moderar o endurecer la conflictividad. ¿Nuevo paro para presionar por Ganancias? El hecho de que el transporte público haya adherido masivamente es lo que permite que resulte difícil saber cuánto de la adhesión fue verdadera o forzada. Lo cual, claro, resulta ventajoso para las argumentaciones de las dos partes. A primera vista, el gobierno no sólo no verá motivos para retractarse sino que, por el contrario, dio señales de sentirse cómodo en la confrontación con los dirigentes sindicales. A diferencia de lo que le había ocurrido con la polémica por el recorte del presupuesto universitario, esta vez Javier Milei no vio a los propios votantes encolumnarse en su contra. El paro estaba precedido de encuestas que revelaban que dos tercios de la opinión pública desaprobaban la medida de fuerza. De manera que el gobierno puede retomar su discurso sobre combate a "la casta" sin tener que hacer declaraciones de reconocimiento tácito de errores, como había ocurrido tras la marcha universitaria.
La ratificación de la línea política fue confirmada durante toda la jornada por figuras del gobierno, como el ministro de Economía, Toto Caputo, el vocero Manuel Adorni, o la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Pero también se sumaron nuevos aliados del peronismo, como el gobernador tucumano Osvaldo Jaldo (kirchnerista), quien fustigó a quienes "se quedaron en su casa a dormir en vez de trabajar".
Ahora, prevenido, Daer confirmó el mantenimiento del paro general a pesar de que el gobierno lo había convocado al diálogo, fruto de lo cual se limaron los costados más controversiales de la reforma laboral. De hecho, todos los aspectos que perjudicaban directamente el poder político y financiero de los grandes gremios -como la prohibición del aporte compulsivo de los asalariados a los gremios- fueron dejados de lado.
Finalmente, el paro tuvo un objetivo político: recuperar el discurso de defensa de los trabajadores de las capas bajas, luego de cuatro años en que asumieron un rol pasivo y dejaron esa función a las organizaciones piqueteras. Por eso, volvió a las proclamas cegetistas la denuncia por la inflación y su efecto erosivo sobre salarios, jubilaciones y planes de asistencia social. Un arma de doble filo, claro, porque dejó servida la respuesta para que desde el otro lado denunciaran el contraste entre la actitud blanda hacia Alberto Fernández y la dureza contra Milei.
Las primeras señales desde el gobierno van en el sentido de cortar las líneas de diálogo con la CGT, en una especie de castigo por la convocatoria al paro. No está claro que Milei obtenga un beneficio político de una medida de ese tipo, salvo que lo que quiera propiciar sea una radicalización del movimiento sindical.
Riesgo de boomerang para el peronismo.
Ya ante la convocatoria al primer paro en enero [qué fue solo de 12 horas], dirigentes como Sergio Massa y Cristina Kirchner habían criticado la medida por apresurada, y advirtieron que se debía planificar un crescendo de las protestas a medida que tuvieran acompañamiento social.
Y, además, está la posibilidad de que un embate sindical termine volviéndose más contra los gobernadores peronistas que contra el propio Milei. En definitiva, son las cajas provinciales las que más tienen para perder si se pierden la coparticipación del impuesto a las Ganancias, que recauda medio punto del PBI y que no parece tener sustitutos claros a la vista.
¿Cuál sería el escenario de una ley Bases que confirme el impuesto a las Ganancias bajo una manifestación con paro convocado por la CGT? El temor de muchos dirigentes peronistas es que esa situación pueda ser más nociva para los propios que los ajenos, porque podría resquebrajar la unidad opositora, mientras que alimentaría el discurso oficialista. Sin embargo, las primeras señales políticas post paro hacen prever que el diálogo entre el gobierno y los sindicatos entrará al freezer.
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