IProfesional - Pese al triunfalismo de Caputo, el superávit fiscal refleja el agotamiento del efecto licuadora. El monto del superávit fiscal primario resulta más pequeño cada mes. La tendencia no parece cambiar, por el efecto de la nueva fórmula jubilatoria.
En abril hubo un superávit primario -es decir, el que sólo considera ingresos y gastos, sin contar los pagos de intereses de la deuda- de $264.000 millones, una cifra que resulta un 57% menor que el resultado de marzo, un 78% menor que la de febrero y un 86% más pequeña que la de enero.
Son números impactantes, porque muestran cómo el superávit -el pilar sobre el cual el gobierno basa su política antiinflacionaria- se va haciendo más finito mes a mes. Pero, en realidad, la situación es peor de lo que muestran esas cifras, porque cuando a esos montos de superávit nominal se le aplica el efecto de la inflación, entonces la caída es mucho más marcada. Al actualizar todos los números por inflación, se concluye que en febrero el resultado fiscal fue un 45% menor que en enero. A su vez, en marzo, el superávit fue un 54% que el de febrero. Y en abril, una vez hecho el ajuste por inflación, se obtuvo un 61% menos que en marzo.
Uno de los rubros paradigmáticos de esa situación es el gasto del sistema jubilatorio -que, con un 40%, es por lejos el más significativo de todo el presupuesto-.
Este efecto descendente en la licuación inflacionaria de las jubilaciones y pensiones se da por dos efectos: la propia tendencia descendente del IPC y, sobre todo, el cambio de fórmula indexatoria. [El cambio de fórmula jubilatoria ya se siente en el gasto público: el superávit fiscal se queda sin licuadora].
La nueva fórmula, en cambio, al ajustar por inflación, ya no permite la licuación. Más bien al contrario, lo que se espera para el corto plazo es un crecimiento de los haberes. Como cada ajuste se hace con un desfasaje de dos meses, eso implica que cuando los jubilados perciban el pago de mayo, éste habrá sido ajustado de acuerdo con el IPC que midió el Indec en marzo. Es decir, se cobrará con un ajuste de 11% cuando la inflación de mes probablemente se ubique en 6%.
En la medida en que la inflación siga su curso descendente, el gasto jubilatorio empezará a revertir su tendencia declinante. De hecho, las previsiones de los economistas apuntan a que hacia mediados de año las jubilaciones recuperarán el nivel que tenían a fines del año pasado y comenzarán un incremento real del poder adquisitivo.
La complicación de las tarifas.
Ante esta situación, la sostenibilidad del superávit fiscal depende de dos temas políticamente delicados: del lado del gasto, la disminución de los subsidios estatales; y del lado de los ingresos, generar una mejora en términos reales, después de varios meses de caída.
Ninguno de los puntos resulta fácil de conseguir. En cuanto a los subsidios, el propio Toto Caputo fue el que pisó el freno, al postergar las subas de tarifas a la electricidad y el gas en aras de acelerar la baja inflacionaria.
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